Whisky de esencia barallense

Con el roble que transforma la firma Maderbar en Baralla se hacen las barricas en las que la prestigiosa destilería irlandesa Irish Distillers envejece sus marcas de whisky más selectas, por las que se pagan más de 200 euros por botella



En las instalaciones de la empresa Maderbar, en Baralla, los hermanos Alejandro y Gabriel Fernández Rodríguez guardan con mimo una botella aún precintada del exclusivo whisky irlandés Redbreast. Forma parte de una partida de solo 2.000, una edición para coleccionistas, y ha llegado a sus manos como agradecimiento de la prestigiosa destilería Irish Distillers por ser un eslabón crucial en la elaboración de esa bebida. No en vano, las barricas en las que ha envejecido en los últimos años se han fabricado con roble de bosques del norte de la Península, sobre todo de Galicia, que han serrado y preparado con esmero en este negocio barallense.

Los dos hermanos, la tercera generación en una empresa que creó su abuelo, se han especializado en la fabricación de las llamadas duelas, los listones de madera con los que se hacen las barricas para la maduración de distintas bebidas, desde vino hasta whisky.

Este negocio familiar y el gigante irlandés con sede en Cork, responsable de la popular marca Jameson, se conocieron a través de la tonelería Antonio Paez, de Jerez de la Frontera, destino de las duelas fabricadas en Baralla y que provee a su vez de barricas a la destilería.

"De forma directa comezamos a nosa relación haberá uns cinco anos, serrándolles madeira irlandesa para que eles madurasen despois nela o whisky. Había máis de 100 anos que non a empregaban", explica sobre aquel proyecto Alejandro, quien incluso viajó a tierras irlandesas para seleccionar en sus bosques los robles más adecuados para fabricar las barricas.

El resultado de esa experiencia fue la destilación de una partida para coleccionistas del whisky Midleton, una bebida por la que se pagan más de 200 euros por botella. "Sacaron 12.000 e só as venderon nas islas británicas, Francia, Alemaña e Suráfrica. A España xa non chegaron", explica Alejandro, que hace unas semanas participó, invitado por Irish Distillers, en la presentación de la última partida de esta marca, un acto celebrado por todo lo alto en un castillo del condado de Kilkenny.

A partir de esa fructífera colaboración, que se mantiene con otras líneas de producto, desde la compañía irlandesa se animaron a analizar las posibilidades del roble gallego para la maduración del whisky. Incluso han impulsado un estudio, con la Universidade de Santiago, para consolidar el empleo de esa madera en otra de sus marcas selectas, Redbreast, en la que cuenta también con apoyo de esta empresa barallense.

En la presentación al consumidor de este producto exclusivo madurado con roble gallego -hay solo 2.000 botellas y solo se vende la mitad (a unos 65 euros), porque mil son para un club privado-, Irish Distillers ha tenido un guiño con sus proveedores lucenses. Así, el folleto que acompaña a la botella incluye una ilustración de un mapa que recuerda que esa cadena productiva bien engrasada tiene su origen en Baralla. Además, la etiqueta de Redbreast incluye la inscripción Mano a Lámh, equivalente a la expresión ‘mano a mano’ en castellano y gaélico.

"Dende que preparamos aquí as duelas, cun sistema case manual, ata que lanzaron as botellas pasaron case cinco anos", calcula Alejandro, quien explica que, en el camino, las barricas estuvieron dos años "con viño de Jerez, oloroso, que é o que lle dá despois un toque de dulzor ao whisky".

Según revela, ese es uno de los secretos del éxito de esa bebida, junto con la utilización del roble autóctono. "O carballo galego ten moito tanino, por iso é tan valioso para destilar whisky", subraya.

"Eles están moi satisfeitos destas colaboracións, considérannos un máis, un piar moi importante. Por iso están preocupándose ata polo desenvolvemento sostible do carballo galego", dice orgulloso Alejandro, quien confía en que esta relación siga dando sus frutos durante mucho tiempo.

OTRAS LÍNEAS DE NEGOCIO. Aunque en Maderbar están muy ilusionados con este vínculo comercial, que, según confiesan Alejandro y Gabriel, sorprende a muchos, por la gran popularidad de su socio irlandés, no descuidan otro de los sectores, el vitivinícola, al que dedican gran parte de sus esfuerzos, junto al de la restauración, en este último caso con madera de castaño.

Así, los dos hermanos explican que la empresa familiar sierra y transforma también roble americano y europeo para fabricar duelas que se destinan a la construcción de barricas en las que se envejece el vino. Son también, por tanto, el primer eslabón de una cadena productiva que, entre otros frutos, ha dejado valoradas cosechas de caldos de Rioja e incluso de vinos de otros países como Italia y Francia, según explican.

"Agora estamos con probas cunha adega galega, da Ribeira Sacra, para traballar tamén co carballo do país", avanza Alejandro entre los proyectos que ya barajan a corto plazo.


Visto en El Progreso 4 de Abril de 2015

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